This post is available in English: From Step-son to big brother

Decidir tener un bebé y hacer crecer una familia no es tarea fácil. Prepararse para tal cambio, sin importar la edad, es una tarea que puede ir muy bien o puede ir muy mal muy rápido y en su camino creando mucho drama. ¿has visto los videos de las reacciones de los niños en YouTube al enterarse de la noticia que están a punto de tener un hermano? ¡Es cómico! Pero en la realidad no tanto.

Como madrastra tuve muchas preguntas. No sabía los pasos apropiados que necesitaba tomar para asegurarme que Kiki se sintiera incluido, amada y preparado para el cambio. Me preocupé, tal vez demasiado, y tenía demasiada ansiedad al respecto, pero así soy. Ansiedad es mi apellido.

Me preocupaba que él no amara a su hermano tanto como lo haría si el bebé viniera de la misma mamá y papá. Me preocupaba que él pensara que amaría a este bebé más que a él porque él (Kiki) no es biológicamente mío. Me preocupaba que él se sintiera excluido. Mejor dicho, me preocupa todo.

Me prometí trabajar muy duro para garantizar que nunca se sintiera excluido, nunca se sintiera como un extraño y, lo que es más importante, quería que supiera que la biología no importa y nunca importará en nuestra familia. Quería asegurarme de que él entendiera que él es completamente amado, incluido y por siempre hijo mío.

Esta historia nunca fue una historia perfecta, aunque sentí que comenzó como una y terminó como una, en el medio fue un viaje en una montaña rusa. 

Comenzó con una carta de Navidad cuando Kiki tenía 4 años, “Querido Santa, quiero un hermano esta Navidad”. En ese momento no estábamos casados, y yo estaba concentrada en desarrollar mi carrera y todavía no estaba lista para tener un hijo, pero pensamos que era tierno su pedido y simplemente lo dejamos pasar.

Un año más tarde, la siguiente Navidad, el mismo ruego a Santa. “Por favor tráeme un hermanito o hermanita”. En este punto, no le importaba si era un niño o una niña, quería un hermano. Preguntamos por qué, y él dijo que quería tener alguien con quien jugar. Nuestra excusa, puedes jugar con el vecino, él también es hijo único, tiene tu edad y es tu amigo. Puedes ser como hermanos.

Cuando empezamos a intentar quedar embarazados, pensamos que los hermanos estarían separados unos años, y no una diferencia tan grande. Si leíste mi historia de infertilidad, nunca nos imaginamos que pasaría mucho tiempo antes de que ese deseo se hiciera realidad.

Otra Navidad llega y estoy sentada con Kiki escribiendo su carta a Santa. Una vez más, él pregunta por un hermano y yo digo “solo pideselo a Santa”. Su respuesta: “Pero lo pido todos los años y él no lo trae”. Me sentí muy mal y con el corazón roto porque en ese momento ya habíamos comenzado a intentarlo y las cosas simplemente no estaban sucediendo. En lo profundo de mi corazón ese también era mi deseo para Santa.

Los años pasan, las cirugías van y vienen para tratar esta infertilidad misteriosa y el deseo de Kiki de tener un hermano se desvanece mientras el mío sigue creciendo. El tiempo pasa y Kiki ya no quiere un hermano. Era mayor y se había acostumbrado a jugar solo o con sus amigos y tener toda nuestra atención.

Verás, Kiki y nos apegamos mucho a lo largo de los años, especialmente desde que comencé a trabajar desde casa y seguí mi carrera independiente en mercadeo digital.

Una noche, durante una de nuestras charlas nocturnas mientras estaba sentado en su cama, le mencioné que íbamos a ir al médico para poder tener un bebé. No esperaba la reacción que tuve en absoluto. Fue un rechazo total, un pánico, incluso ira.

“Tener un nuevo bebé en una step-family puede ser un momento feliz, pero también es una situación que puede provocar todo tipo de sentimientos y respuestas impredecibles en una step-family “. – Familylives.org

Pasaron los días y durante todas las inseminaciones, citas al médico y procedimientos, seguimos mencionando la idea de tener un bebé.

Yo estaba en pánico de solo pensar que Kiki ahora estaba tan en contra de la idea. Seguí intentando entenderlo y tratar de descubrir cuál era la razón de ese rechazo.  Aprovechaba durante nuestras charlas nocturnas y le hacía preguntas sobre por qué ya no quería un hermano. Necesitaba arreglar esto. Lo único que obtuve fueron excusas como “el bebé usará todos mis juguetes” o “Ya soy demasiado grande para un hermano”.

Tenía que llegar al fondo de esto, incluso le pedí a mi psicólogo que me ayudara a resolverlo, y le pedí ayuda a mi “village” (mis amigas que también son madres y son mis vecinas. Ellas son mi sistema de apoyo y mis hermanas). Cuanto más preguntábamos, más notábamos el pánico en su voz. Un pánico que me dijo que el problema por no querer un hermanito o hermanita era más profundo que solo un bebé jugando con sus juguetes. Un pánico que realmente no podía vocalizar, pero sentía profundamente.

La noche anterior a la inseminación número tres, acabábamos de terminar de cenar cuando Kiki pidió un vaso de agua. Todos los vasos estaban lavados en el lavaplatos, así que le di un vaso de vino y le pedí que fuera muy cuidadoso porque era vidrio. Kiki estaba emocionado de poder tomar en un vaso de vidrio y pretender que era un adulto.

En ese momento, le dije a mi marido que era hora. Necesitaba una inyección para prepararme para el procedimiento al día siguiente y no iba a ponérmela yo. Soy demasiado gallina para hacerlo, así que era su deber conyugal y realizar esa tarea.

Kiki está mirando lo que está pasando y se asusta totalmente. Entra en modo de pánico total, no porque le tenga miedo de las inyecciones, sino porque esto significaba que un bebé estaba más cerca de la realidad y simplemente él no lo quería.

Él está mirando mientras bebe del vaso y lo sostiene tan fuerte que de alguna manera lo muerde tan fuerte que lo rompe, ¡con los labios todavía tocando el vaso! Se corta el labio, y está llorando y muerto del pánico y aparte de todo con sangre en todo el labio.

Después de limpiar los vidrios rotos, revisar su labio y calmarlo antes de acostarlo, no puedo evitar sentirme triste, culpable y llena de ansiedad por sus sentimientos. Él ha pasado por mucho, y yo siempre he sido su lugar seguro. Sentí que le estaba quitando eso, pero queríamos un bebé, queríamos hacer crecer la familia. Queríamos darle ese regalo de tener un hermano.

Llega diciembre y mi vecina, que también tenía problemas de infertilidad, queda embarazada. Su hijo mayor, que tiene más o menos la misma edad de Kiki, está súper emocionado y comienza a hablar con Kiki acerca de cómo ambos van a ser hermanos mayores pronto (no estoy embarazada en ese momento porque la inseminación # 3 no funcionó).

No estoy segura de que paso en esas conversaciones o lo que le dijeron y hablaron entre los dos, pero cambió su percepción. Lo cambió todo. Su actitud hacia la idea de tener un hermano ahora era positiva y, de hecho, comenzó a entusiasmarse. ¡Gracias al virgen y los ángeles por los vecinos!

Finalmente pasan unos meses y Dios me concede mi milagrito y quedo embarazada .

Nuestras conversaciones nocturnas continúan, y en lugar de yo tratar de averiguar por qué no quiere un hermano, nuestras conversaciones se convirtieron en soñar despiertos y con entusiasmo planificar e imaginarnos cómo será la vida con un bebe en casa, a quien se parecerá, que palabra será su primera, y más.

Todavía tenía muchos sentimientos reprimidos dentro, y durante esos nueve meses, esos sentimientos que tenía escondido en lo profundo de su corazón comenzaron a manifestarse.

De hecho, se preocupaba por no ser biológicamente mío y por el hecho de que este bebé lo sea. Un miedo al abandono también salió a relucir.

Los comentarios salían al azar durante nuestras caminatas, o por la noche, decía cosas como que suerte tenían Manny al estar dentro de mi vientre y cómo el deseaba que fuera él quien estaba dentro.

Me dedique a calmar cada temor, cada comentario y cada duda con amor y seguridad y muchos abrazos y besos. Me aseguré de incluirlo lo más que pudiera durante el embarazo. Leí mucho sobre cómo preparar a los niños para los hermanos, pero de todas formas no estaba segura si estaba haciendo lo suficiente o diciendo las cosas correctas.

Casi un año después, me complace decir que se derrite mi corazón al ver que Kiki y Manny tienen una relación de hermanos increíble y bonita. Se ven y se sonríen con una sonrisa que no le dan a nadie más. Me encanta que Kiki sea mayor y que es un gran ayudante, y que Manny, incluso en sus 10 meses, ya quiere ser como su hermano mayor.

Todavía tengo que trabajar para calmar miedos y sentimientos de vez en cuando. Todavía le debo asegurar a Kiki que él es mi hijo sin importar en qué horno fue cocinado, especialmente cuando compara cuando él era bebé con Manny ahora. Le recuerdo constantemente que hemos construido una relación de amor fuerte y que el amor que tenemos el uno por el otro es lo que nos hace familia y lo que me hace su madre.

De pequeña nunca contemple ser madrastra, y quizás no sea el trabajo más fácil, pero puedo decir honestamente que amo la familia que hemos creado, y aunque tenemos que trabajar diariamente para asegurarnos de que todos se sientan aceptados y amados, esta es nuestra familia, este es nuestro mundo y lo hacemos funcionar.